Periodismo

Periodistas de “El periodismo son los periodistas”

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Esta semana el Ayuntamiento de Madrid ha lanzado una página web que se llama MadridVO (Madrid en Versión Original) que ha producido mucho revuelo entre algunos sectores del periodismo y de cierta parte de la vida política de la ciudad.

El problema, señalan, es que tiene “un ligero tufo a censura”. Vamos a contar una historia en teletipos, así como se hace en el PE RIO DIS MO.

Periodistas afirman que nunca se ha publicado nada que sea mentira.

Algunos medios nacionales sostienen que nunca se ha publicado nada que sea erróneo.

Grupos Editoriales denuncian que “Nunca los intereses de un medio han estado por delante de los hechos objetivables”

Cientos de columnistas opinan que nunca se ha vendido como información algo que sea opinión.

MadridVO aporta un canal más, una herramienta más, otro lugar para completar la conversación. Hasta hoy, las rectificaciones a medios se han producido de siempre. El actor o sujeto que pensaba que una información era errónea llamaba al medio o al periodista en cuestión para señalar la errata. Me pregunto entonces, ¿cuál es entonces el problema al hacer eso de forma pública?

La conversación sobre cómo se producen las noticias ha sido hasta entonces coto de los sujetos partícipes de la misma pero nunca esa conversación ha sido pública: ¿cómo entonces se puede tildar de censura algo que aporta más información sobre ese proceso de producción de noticias? ¿cómo puede atentar contra la libertad de información algo que aporta más información? ¿cómo más puede ser menos?

Siempre me llamó mucho la atención el uso de la expresión “Las nuevas tecnologías”. Algo que empezó en, no sé, ¿1990? y muchos a día de hoy siguen usándola. Pensar que la producción y distribución de noticias y contenidos no se ha visto atravesada (ni debe, según algunos) por la descentralización que propone la red es, en mi opinión, pelín naiv.

Debería ser de agrado para todos (instituciones, medios y ciudadanía) que existan lugares que completan, suman y protegen el derecho a la información completando ese collage informativo que ayude a cada uno y cada una a formarse una opinión con el máximo de datos sobre el contenedor y el contenido posibles. En el fondo creo que, con tiempo, se agradecerán canales y herramientas de este tipo que pulan todo ese ecosistema imperfecto que algunos llaman cuarto poder.

Me gustaría que, aquellos de “El periodismo son los periodistas”, que suelen coincidir con los de “Las nuevas tecnologías”, viajaran ya desde 1990 y se vinieran con nosotros a 2015, donde la conversación es en red, donde se pierde la linealidad del paradigma emisor – receptor, donde existen mil aristas que producen sentido común, donde se respeta que (y si la entendemos la información y el periodismo como un servicio público) sus usuarios finales puedan tener la conversación completa. Transparencia también es eso.

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El cementerio de las corbatas perdidas.

Captura de pantalla 2015-06-20 a las 18.48.46O de cómo en una semana de trabajo dentro del Ayuntamiento de Madrid, cualquier personita normal puede ver una contrahecha cultural ahí dentro pensada para generar humanos-casta.

Sonrisas por doquier, protocolo que roza el delirio cuando alguien te trae una bandeja de plata llena de vasos de agua con una rodajita de limón que tú no habías pedido. Personas que, en ese desconocimiento sobre quién eres (o cuánto poder atesoras en términos verticales) te tratan como si fueses un robot. No es culpa de esta gente, no, es culpa de 25 años de gobierno pensados para hacer que los representantes sean gente que mira por encima del hombro todo el rato.

Policías que te hacen la pelota. ¡Policías!
Secretarios y secretarias que piensan que su trabajo puede estar en peligro porque tarden más de un minuto en darte una clave de un WiFi que no encuentras.

“¡Oigan! ¡Basta! ¡Que tengo habilidades cognitivas! ¡Que puedo andar!” A veces me dan ganas de gritar eso al aire, de gritar eso y de que se den cuenta que lo que hay son ganas de trabajar y de cambiar esa deriva loca que hay instalada ahí dentro por la deriva de las personas normales no-robots.

Porque la política también puede ir de decir una chorrada, o de beber agua del canal de Isabel II que está buenísima. Que no son necesarias esas miles de botellitas de agua.

Salas enormes vacías, techos de 6 metros de alto, silencios que apabullan, pasillos kilométricos que te dejan sólo escuchando el tac-tac de tus zapatos al pisar la tarima esa son cosas que te marean. Por ello es TAN JODIDAMENTE NECESARIO rodearse de un afuera que esté permanentemente bajándote los pies al suelo y dándote collejas. Porque ese sitio está pensado en una dinámica que te aleja de lo normal.

Porque necesitamos el CAC (Comando Anti-Corbatas).

Ea.

Ya me he desahogado.

Seguimos.

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Un día cualquiera.

Buenos días! √√

buenos días 🙂 √

Buen día! ❤ √√

Alguien se ha despertado ya y ayer no pusiste el móvil en silencio. Tres ‘beeps’ diferentes se juntan en el mismo esmárfon y no sabes muy bien por cuál empezar. Otro alguien tiene un skype a esa misma hora. Va saliendo el agua caliente en la ducha al mismo tiempo que termina la cafetera. Alguien hoy tiene prisa. Alguien hoy ha pensado que todo va a salir bien. Ese mismo alguien ayer lo veía de otro modo. El plan para hoy es sencillo: reunión, asamblea, reu, comida y plenario. Si llegas a la cena pues oye, mira, ni tan mal.

Hacer planes como algo que te mantiene alerta es una buena estrategia sí o sólo sí tus condiciones materiales (o emocionales) te permiten verte más allá de pasado mañana. De otra manera es vivir un futuro raro como palabra que no te deja muy bien vivir los ‘ahoras’. El presente cada vez va más rápido que tú y te mete en una sensación doble en la que o hay que correr más o es que las cosas van a cámara lenta. Ambas dan vértigo. Marean. Y en esos ‘ahoras’ que no te dejas vivir bien hay un montón de detalles que se pierden. Es un poco como la nostalgia de todas las oportunidades que sabes que vas a ir perdiendo, que vas a dejar pasar, que vas a evitar, e incluso aquellas que nunca vas a tener más que nada porque no hay tiempo para la oportunidad. Entre esa reu y esa asamblea hay una comida con alguien, un café con otro alguien, hay que recoger un par de cosas en alguna librería, llamar a la gente que quieres (¡Llamar!) e igual te apetece fumarte un cigarro tran-qui-la-men-te. Y así, una charla a la que no llegaste, una comida que se aplazó, una asamblea que nunca tuvo lugar, un rato para ti que no encontraste, un libro que no empezaste, un curro que no te salió, un despertador que sonó demasiado pronto y una cita que nunca empezó. Meanwhile, en el Mundo Real™, alguien tuvo un desencuentro, o un encuentro, una noche reloca, tres turnos de barra, dos conciertos, un rato en el que todo se torció y mil miradas que lo molan todo.

En un rato suelto miras la cuenta del banco y todo sigue igual. Una amiga te ha prestado dinero. Tus padres te han prestado dinero y tus amigos te están invitando a las cañas casi a diario en un ejercicio de comunalización de la miseria bastante épico. Y eso también es cuidarse.

Hoy has encontrado la ilusión en tres pequeñas chorradas, dos personas con las que no hablabas hace mucho, un ‘te quiero’ a destiempo y el estreno de la segunda parte de una peli de uno de de tus directores favoritos. Y es el cumple de alguien, eso también. Esos detallitos son clave 🙂

En este mundo de saturación de información la clave es saber poner el foco. Yo apuesto por ponerlo ahí, en los detallitos DEL BIEN.

A media tarde la confluencia se va aclarando, se han alineado tres o cuatro factores y has encontrado la confianza en ti que hace que te diviertas y sabes que con diversión puede ganarse todo. Y que hay cosas más allá. Y quedas con alguien con quien hace no que no quedabas mucho tiempo y encuentras algo de motivación en contar en todo-eso-en-lo-questás sin saber muy bien qué es o qué va a ser mañana. Te proyectas un poco en la propia forma en la que te cuentas y son esos momentos en los que te das cuenta un poco y te asimilas y te masticas y te ves en la vida. Porque eso de estar en procesos colectivos que requieren de cientos de horas de ti es como para respetarte, darte espacio y un respiro.

Cuando te quieres dar cuenta es así como de noche porque en los vértigos el día dura poco. Te vas a acostar con la sensación de que estás haciendo las cosas bien. Son casi las dos de la mañana y te has puesto una película que no requiere mucho pensar o que igual ya hayas visto para dormirte más fácilmente. Los ojos se te van cerrando y antes de empezar la fase rem te das cuenta que la vida es eso que pasa entre que abres un pad y creas una nueva cuenta de twitter pero los ojos se están cerrando y mañana igual ni te acuerdas.

Buenos días √√

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Una serie de hechos incontenstables.

No sé hacer facturas y creo que estoy haciendo algo mal. No me informo de ello como mecanismo de evasión de la responsabilidad. Rara vez consigo dormir dos días seguidos el mismo número de horas. Ni en el mismo intervalo de tiempo. Me gusta cocinar sólo. Me gusta leer entre dos. Soy capaz de empezar mil cosas a la vez. La gente a la que más quiero sabe que memorizo cifras sin querer y que si me gusta una canción pueda escucharla repetidamente sin parar durante días. Todos los días me acuerdo de mi madre. Fui ‘Tío’ a los 18. Tengo dos sobrinas y un sobrino en camino. Mi plato favorito es el cocido madrileño. A veces tengo envidia. Cuando tengo dinero me lo gasto MUY MUY rápido. Convivo con la precariedad emocional desde los 22. A veces me enamoro. Odio las fotografías en vertical. Los platos del IKEA me dan dentera. Durante años he usado a ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind ‘ como mi brújula moral. Me considero bastante bocazas. Creo que mi capacidad para darlo todo por lo que sea es uno de mis mayores defectos. Nunca rechazo una pizza. Sólo me acuesto con gente que me cae bien. Todas mis camisetas son de un solo color y si un pantalón me gusta me lo compro dos veces. Suelo tener miedo a no volver a encontrar las cosas que me gustan. Siempre me ducho por las mañanas (si no, tirito). Nunca me he encontrado dinero. Cuando viajo tengo mala suerte. No tengo mucha confianza en mí ni estoy necesariamente de acuerdo con todo lo que digo. Me gustan mucho los códigos. Me gusta el blanco y negro. Considero la seguridad tan corrosiva como las dudas. He visto Regreso al Futuro 2 más de 300 veces. Mi película favorita es la ciencia ficción. Me cuesta reconocer que he fracasado. El olor a ‘tierra mojada’ ese de llovizna de verano me flipa. Hablo sin pensar y suelo arrepentirme muy rápido. Se me hacen muy difícil los cambios y tardo en dar el paso de aceptarlos. ‘Llevar capa no garantiza volar‘ es mi frase brújula. Esa y ‘Después del uno va el dos‘. Me gusta mucho programar y hace mucho que no lo hago. Me gustan las cajas. Las cosas que guardo en los sitios de guardar cosas están ahí porque me recuerdan etapas, personas o procesos. Se me hace muy difícil deshacerme de lo que sea porque todo puede recordarme a algo en un futuro. La gente que no empareja los calcetines me genera más confianza. Y la que lee comics. Y la que escucha a los Pixies. Me da mucho miedo ir al médico. Me relaja muchísimo ordenar la ropa. Tengo manía por que el orden sea geométricamente responsable. Uso suavizante si me acuerdo. Lo que uso como agenda lo uso como diario, lugar para hacer la lista de la compra o donde coger turnos de palabra o actas para una asamblea. Llevo anillos para hacerlos chocar y poder imitar la percusión de las canciones que escucho cuando voy por la calle. En su día me drogué bastante. Me encanta el café aunque me ponga nervioso. Mis placeres de la vida son follar, comer, viajar y conocer gente. Creo que vamos a ganar.  Y que todo va a salir bien. Desde hace meses soy incapaz de imaginarme más allá de dentro de una semana. Odio los currículum y la academia en general. No me gustan los grises. Tengo letra de niño pequeño. Me gusta la sensación del frío de las sábanas en invierno. Sólo sé dos idiomas. Evidentemente, no sé volar pero creo que planeo con estilo.

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Llevar capa no garantiza volar.

Tercer domingo de enero. En la periferia del centro alguien celebra un cumpleaños. A escasos metros de allí una joven mira su cuenta bancaria y todo parece seguir igual. Una tercera persona abre su agenda: de aquí a final de mes tiene dos plenarios de varios proyectos cooperativos. Mientras se asoma a la ventana ve a un vecino tender la ropa. Bajo el tendero una especie de tallín con una vela dentro. Tengo que editar un par de vídeos de aquí al jueves. Es día 18 y las cuentas no salen del todo. Un joven se ha encendido un cigarro dentro de un bar en lavapiés. Un grupo de cinco alemanes está de compras por Gran Vía. Hoy ya nadie pida cosas en Preciados.

En un ritual que repito varias veces a lo largo del año me he vuelto a ver la trilogía de Regreso al Futuro. Estoy, a la vez, haciendo una segunda vuelta a Six Feet Under. Acabo de terminar por segunda vez ‘La insoportable levedad del ser’. La semana de las segundas veces.

El mundo del póker. La vida. El futuro ya no es lo que era peña. Básicamente porque, como decía Brenda en A dos metros bajo tierra, el futuro es un foquin concepto al que nos agarramos para no dejarnos vivir ‘los ahoras’.

Después de el uno va el dos. Y luego ese dos se convierte en otro uno.

El 2015 es un poco el año de los unos. Nos sobran cartas en la baraja. All in al uno. Al aquí y al ahora. Pero all in.

Emmet Brown, (aka Doc), dice que ‘El futuro no está escrito’ que las únicas que pueden escribir su futuro somos nosotras. Mientras, a 30 metros de allí, en una cama, alguien charla de la velocidad del timing. Todo Regreso al Futuro es un western. Los western se definen western no por el territorio en el que se desarrollan. No es por las montañas de Colorado. Los western son western porque hay un viaje. Y el viaje no necesita explicación, sólo pasajeros. Normalmente, en los viajes, se suele llevar una maleta. Algunas de esas maletas llevan una capa. Son capas para intentar volar. Igual, a veces, ni tan mal. No vas a volar, lo sabes antes de empezar a hacer la maleta, por muy bien que te quede. La capa es una forma de estar. Es como eso que te recuerda que bueno, que igual se puede volar. Y a veces pues saltas, y planeas.

El éxito del viaje, al final, no depende tanto de la capacidad que tengamos de volar o no, si no de la capacidad para planear con tanto estilo que parezca que estamos volando.

Pues eso.

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Ganemos lo común y ganemos su sentido.

Hay quienes dicen que eso de ‘el sentido común’ no es política, que es populismo. Yo creo que ‘el sentido común’ es un espacio de competencia. Que hacer política es también disputar, de alguna manera, ese sentido común.

Y para mí, el ejemplo perfecto de victoria de ese espacio de disputa del sentido común es la ILP (Iniciativa Legistaliva Popular) de la Plataforma de Afectados Por la Hipoteca.

Ganemos Madrid es un espacio que se piensa y se está construyendo por gente que quiere disputar ese sentido común. Un sentido común de ciudad, una forma de hacer un plan de ciudad juntos y juntas. Eso que compite en un espacio donde la neolengua es como el alter-ego maligno de ese sentido común.

Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades = Nos roban
Movilidad exterior = Exilio
Moderación salarial = Bajar sueldos
Gravamen a activos ocultos = Amnistía fiscal
Externalizar = Privatizar servicios públicos
Ajustes = Recortes
Cambio de ponderación positiva = Subir el IVA
Rememos todos juntos = Que los y las precarias trabajemos más por menos

Bien, contra su neolengua, nuestro sentido común. Nuestra forma de hacer ciudad y quitarles de la trinchera de la que no se quieren mover.
Lo mejor de todo es que ya nada depende de ellos. La descomposición del régimen del 78 se acelera. Lo que viene, depende de nosotros y nosotras.
Este martes 4 de noviembre vamos a seguir construyendo cosas en la presentación pública de Ganemos Madrid.

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Municipalismo de expansión

Este viernes algunas personas que participamos de Ganemos Madrid tuvimos un encuentro con círculos de Podemos. Hubo una pregunta que era más o menos: ¿cómo podemos hacer extensión y confluir en las zonas no metropolitanas donde necesitamos del desborde que sí tenéis en ese centro?

A mí esto me parece el temón, el cómo salir de la lógica centralista metropolitana y pensar también en los elementos que pueden catalizar procesos de este tipo en zonas periféricas e incluso rurales.

Es decir, que no le veo respuesta fácil. Sí que creo que si de algo radica esto es de pensarse todo el rato hacia afuera. No puede existir un movimiento municipalista si no es transmunicipal, si no es capaz de salirse de su propio territorio y preguntarse cosas. La deuda, como muchos otros mecanismos de desposesión (o máquinas de guerra -contra la gente-) actúan de esa manera y traspasan las fronteras de lo local aunque luego se materialicen así.

O sea, que creo que hay que pensar el municipalismo como algo expansivo y no algo que, por definición y en el a priori, ya tiene acotados sus lugares de actuación.

Me lo imagino visualmente como una especie de piscina en calma y cae una gota, y otra, y otra, que generan sucesivas ondas expansivas que son capaces de cruzarse de alguna manera y al final alterar la estabilidad de ese todo que sería la piscina. Así es como de alguna manera se genera y se teje red, te dejas expandir, te dejas desbordar y el movimiento se genera de las consecuencias de lo que haces y no tanto por la forma en que te piensas en un lugar concreto. Hace toda esta película mucho más material y de posibilidad y ese escenario de posibilidad es el que, creo y en mi opinión, el que produce una cultura de la adhesión muy bestia.

Adhesión no alrededor de la identidad sino adhesión alrededor de los haceres, de los saberes, de los cruces y la red que eres capaz de tejer, del ‘hacerse cargo’ y hacerlo en común, de cuidarse. De cuidar la democracia desde lo cercano.

Así lo veo yo eh, un municipalismo de expansión y no de un municipalismo ya emplazado en un lugar. De igual manera que en esa fuga de soberanía hacia afuera que tenemos con el BCE y otros poderes no democráticos que nos obligan a pensarlos como lugares de lucha creo que hay que pensar en el afuera para hacer en lo cercano.

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